“Cuando cumplí 10 años nadie me dio mi primer pokemon. A los 11 no me llegó la carta de Hogwarts. A los 16 no me convertí en jinete de dragón, y a los 20 nadie me otorgó el grado de jedi. Si cuando cumpla 30 no viene Morfeo a decirme que soy el elegido, tal vez me plantee madurar.”
Visto en un estado de Google Chat y publicado acá por que no cabía en twitter.
http://www.reddit.com/r/linux/comments/j1bk0/its_my_reddit_birthday_so_here_is_the_obligatory/
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http://en.wikipedia.org/wiki//dev/random
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http://en.wikipedia.org/wiki/One-time_pad
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http://www.nsa.gov/applications/search/index.cfm?q=venona
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http://www.nsa.gov/public_info/declass/venona/index.shtml
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http://www.nsa.gov/applications/search/index.cfm?q=manhattan%20project
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http://www.google.com/search?sourceid=chrome&client=ubuntu&channel=cs&ie=UTF-8&q=manhattan+project
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http://en.wikipedia.org/wiki/Manhattan_Project
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http://en.wikipedia.org/wiki/Little_Boy
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http://en.wikipedia.org/wiki/Fat_Man
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http://en.wikipedia.org/wiki/Mass-energy_equivalence
¿Qué tipo de persona se da la paja de hacer videos como éste?

Preparada y lista para la revolución de los colores.
Hay que estar preparado para todo, dicen. Y el 18 de julio de 1969 el gobierno de Estados Unidos tenía que estar preparado por si fallaba algo cuando, dos días después, Neil Armstrong y Buzz Aldrin usaran el módulo lunar del Apollo 11 para ser los primeros humanos en caminar por la luna.
Si quedaban atrapados en ella para nunca poder volver, el presidente de entonces, Richard Nixon, debería leer el siguiente discurso, recibido en la forma de un memo y escrito por William Safire.


El siguiente texto fue escrito por Michael Young, político inglés creador del término Meritocracia. La traducción no se quién la hizo, el texto lo extraje de El grano de arena.
Estoy tristemente decepcionado por el libro que escribí en 1958, “La ascensión de la meritocracia”. Este neologismo que yo mismo creé es ahora comúnmente utilizado, especialmente en los Estados Unidos, y más recientemente se encuentra en lugar destacado en los discursos de Tony Blair.
El libro era una sátira que pretendía alertar (cosa que obviamente no ha conseguido) contra lo que ocurriría en Gran Bretaña entre 1958 y la imaginaria revuelta contra el poder meritocrático en el 2033.
Gran parte de lo que predije en ese libro se ha hecho realidad. Es del todo improbable que el Primer Ministro se haya leído el libro, pero ha popularizado el término sin ser consciente de los peligros que entraña su puesta en práctica.
Mi argumentación se basaba en un análisis histórico indiscutible de lo que había estado sucediendo a la sociedad durante más de un siglo antes de 1958, y más marcadamente desde la década de los 1870, cuando la escolarización se hizo obligatoria y el acceso a la administración pública se convirtió en algo competitivo por norma.
Hasta entonces, el status estaba adscrito al nacimiento. Pero independientemente del nacimiento, el status se ha ido convirtiendo en algo más accesible.
Tiene todo el sentido nombrar a personas concretas para realizar trabajos en función de sus méritos. No podemos decir lo mismo cuando quienes son juzgados por sus méritos del tipo que sea ascienden a una Nueva Clase social sin dejar sitio para otros.
Las habilidades de tipo convencional, que solían estar distribuidas entre clases de forma más o menos aleatoria, se han venido concentrado en una sola clase gracias a la maquinaria educativa.
Una revolución social silenciosa se ha realizado en las escuelas y universidades que se han orientado a la labor de cribar a los jóvenes de acuerdo con los estrechos límites de los valores educacionales.
Con una increíble batería de certificados y titulaciones a su disposición, el sistema educativo ha dictado aprobación para una minoría, y un suspenso para una mayoría que no consigue brillar desde el momento en que son relegados al fondo del sistema de graduación a la edad de siete años o antes.
Esta Nueva Clase tiene todo los medios a su alcance, y en gran parte bajo su control, por la que se reproduce a si misma.
Mis predicciones más controvertidas y la subsiguiente advertencia se fundaba en un análisis histórico. Pensé que las clases más pobres y los más desaventajados serían doblemente marginalizados, lo que de hecho ha ocurrido. Al ser marcados desde la escuela son más vulnerables para más tarde formar parte del “ejército de reserva” que es el desempleo.
Son fácilmente desmoralizados al ser mirados con desprecio de forma tan hiriente por personas que se han ganado su status por si mismas.
Es muy duro en una sociedad que valora tanto los méritos ser juzgado por no tener ninguno. Jamás antes las clases bajas habían quedado tan moralmente desarmadas como ahora.
Mediante la selección que opera el sistema educativo las clases bajas han perdido a muchos de los que debieran haber sido sus líderes naturales, sus portavoces de la clase trabajadora que se continuaran identificando con la clase de la que procedían.
Estos líderes realizaron una feroz oposición a las clases más ricas y poderosas en interminables disputas tanto en el parlamento como a pie de fábrica, entre los pudientes y los no-pudientes.
Con la ascensión de la meritocracia, las masas “descabezadas” de líderes han sido desarticuladas; según pasa el tiempo, vemos como se vuelven más y más pasivas, y desmoralizadas hasta el punto de no preocuparse ni por ir a votar. Ya no tienen a nadie de los suyos que los represente.
Para ver la diferencia, solo tenemos que comparar los gabinetes de gobierno de Atlee y Blair. Los dos más influyentes miembros del gabinete laborista de 1945 fueron Ernest Bevin, para la cartera de Exteriores, y Herbert Morrison, elegido líder de la Cámara de los Comunes y Vice Primer Ministro.
Bevin dejó la escuela a los 11 años para subsistir como ayudante de granjero, pasando después a pinche cocina, chico de los recados, conductor de furgonetas, de tranvías, hasta que a la edad de 29, se hizo activista del sindicato local de Bristol, en la General Labourers’ Union de Dock Wharf, donde alcanzó gran popularidad al obtener, en un célebre enfrentamiento con uno de los más destacados abogados del momento, casi todas las reivindicaciones del sindicato.
Herbert Morrison fue en muchos aspectos una figura aun más significantiva, que se hizo notable no tanto a través del sindicalismo sino a través de su experiencia en el gobierno local.
Su primer trabajo fue también como chico de los recados y dependiente en una tienda de verduras, de donde se trasladó para hacerse dependiente de un supermercado y uno de lo primeros operarios de centralitas telefónicas. Llegó hasta Ministro de Transportes gracias al éxito previo obtenido en su labor en el Ayuntamiento de Londres.
Tuvo éxito en la forma que Livingstone y Kiley se esperaría que lo hicieran ahora, unificando el servicio metropolitano de metro de Londres, autobuses y tranvías en un solo mando y propiedad dentro de una compañía única y pública de transportes metropolitanos.
Hizo del transporte público londinense el mejor del mundo durante los siguiente 30-40 años, siendo modelo para todas las industrias nacionalizadas después de 1945.
Otros cuantos miembros del gabinete laborista de ministros de Attlee, como Bevan y Griffiths (ambos mineros), tenían similares orígenes de la clase obrera más baja y fueron una razón de orgullo para mucha gente corriente que se identificaba con ellos.
Es un fuerte contraste el que se da hoy en dia en el gabinete de Blair, compuesto mayoritariamente por miembros de la meritocracia.
En este nuevo ambiente social, a los más ricos y poderosos les está yendo bastante bien para si mismos. Ya se han librado de las incómodas críticas por parte de este tipo de gente a la que se tenía que escuchar. Esto ayudó en su dia a mantenerlos controlados, lo contrario de lo que está sucediendo bajo el gobierno Blair.
La meritocracia de los negocios está de moda. Tal y como los meritócratas creen, e incluso como se les hace creer, que su ascensión viene de sus propios méritos, se sienten merecedores de todo aquello que se propongan.
Llegan a ser insoportablemente presumidos, mucho más incluso que aquellos que se sabía habían alcanzado el poder no por sus propios méritos, sino por ser “hijo o hija de”, es decir, unos beneficiarios del nepotismo. Las nuevas élites pueden llegar a creer que están moralmente legitimadas.
Tan segura se siente esta nueva élite que no dejan un resquicio en la captación de nuevos beneficios para si mismos. Las viejas restricciones que el mundo de los negocios se había impuesto, todas han sido eliminadas y, tal y como se predijo en mi libro, todas las formas de “dar el pelotazo” han sido ya ideadas y explotadas.
Sus salarios y primas se han disparado. Stock options en condiciones más que ventajosas, bonos de oro, paracaídas de oro
se han multiplicado también para esta minoría.
El resultado ha sido que la desigualdad se ha extendido como norma y se hace cada vez más escandalosa cada año que transcurre, y sin que rechisten los líderes del partido que una vez fuera el portavoz tan vociferante y carismático por una mayor igualdad.
¿Qué se puede hacer en esta cada vez más polarizada sociedad meritocrática? Algo avanzaríamos si el señor Blair retirara esta palabra de su discurso habitual, o al menos admitiera los inconvenientes de su puesta en práctica. Todavía avanzaríamos más si él y el señor Brown marcaran distancias con la nueva meritocracia incrementando los impuestos sobre las rentas de los más ricos, y también fortaleciendo el poder local como una forma de que el pueblo se involucre y tenga su oportunidad en la política nacional.
Hice otra predicción en mi libro relativa a que la sistemática seleccion educativa en la escuela se vería reforzada, yendo más allá de lo que ya teníamos. Mi autor imaginario, un ardiente apóstol de la meritocracia, dijo poco antes de la revolución, que “ya no sería por más tiempo necesario seguir rebajando los niveles para intentar extender nuestra elevada civilización a los niños de las clases más bajas”.
Al menos todavía estamos a tiempo de que esto no tenga que ocurrir. ¿O no?.
Siempre que hago algo, lo hago para que me
digas que te gusto, que no vay a olvidar-
me porque yo tengo eso que te hace re-
cordar que no tení que pelearle al viento.
Siempre cuando quiero alcanzarte no pue-
do porque no queri que se mueva el suelo
Tú ayer me dijiste que sintonizamos
en la misma señal nos complementamos
Y al final erí tú lo que me estremece
no puedo evitarlo tiemblo al sólo verte…
Deja de mentirme, aaaaaahhhhhhhh
Deja de mentirme, aaaaaahhhhhhhh
Lo que va quedando en las largas noches
queda con su canto calma mis dolores
— Camila Moreno.

Encuentro de anarquistas en New York, en 1915.
De la George Grantham Bain Collection de la Library of Congress.
Se trata de tomar conciencia, de abrir los ojos y enfrentar al mundo.
Se trata de esconder el rostro bajo las aras de la revolución, ¡de llevar la acción como estandarte! de eso se trata, de llenarla de significado y de encender las pasiones bajo algo que va más allá del sentir de las personas, se trata de eliminar aquel sentimiento de opresión y enfrentarse al sistema, de encarar un modo de vida asfixiante.
Es encender la ira, agitarla y lanzarla; sí, lanzarla contra la represión, es un himno en favor de la libertad, es una posición. La posición más admirable que el hombre puede adoptar.
— Panda.
(Via Such a perfect day)
You must give up the life you planned in order to have the life that is waiting for you.
— Joseph Campbell.
(Via Binary Bonsai)