Ahora las torturas se llaman «apremios ilegales». La traición se llama «realismo». El oportunismo se llama «pragmatismo». El imperialismo se llama «globalización». Y a las víctimas del imperialismo se las llama «países en vía de desarrollo.
- Eduardo Galeano.
El experimento de Ron Jones comenzó como un pequeño ejercicio en clases, la respuesta a una pregunta simple, y terminó como un ejercicio de fascismo, la pequeña prueba de que todos tenemos esa predisposición totalitaria. Llevado a cabo en una sala de clases en California durante una semana de abril de 1967, el experimento de la tercera ola ha sido convertido en película y, recientemente, en documental.
For years I kept a strange secret. I shared this silence with two hundred students. Yesterday I ran into one of those students. For a brief moment it all rushed back.
Steve Conigio had been a sophomore student in my World History class. We ran into each other quite by accident. It’s one of those occasions experienced by teachers when they least expect. You’re walking down the street, eating at a secluded restaurant, or buying some underwear when all of a sudden an ex-student pops up to say hello. In this case it was Steve running down the street shouting “Mr. Jones, Mr. Jones.” In an embarrassed hug we greet. I had to stop for a minute to remember. Who is this young man hugging me? He calls me Mr. Jones. Must be a former student. What’s his name? In the split second of my race back in time Steve sensed my questioning and backed up. Then smiled, and slowly raised a hand in a cupped position. My God He’s a member of the Third Wave. It’s Steve, Steve Conigio. He sat in the second row. He was a sensitive and bright student. Played guitar and enjoyed drama.
We just stood there exchanging smiles when without a conscious command I raised my hand in curved position. The salute was give. Two comrades had met long after the war. The Third Wave was still alive. “Mr. Jones do you remember the Third Wave?” I sure do, it was one of the most frightening events I ever experienced In the classroom. It was also the genesis of a secret that I and two hundred students would sadly share for the rest of our lives.
We talked and laughed about the Third Wave for the next few hours. Then it was time to part. It’s strange, you most a past student In these chance ways, You catch a few moments of your life. Hold them tight. Then say goodbye. Not knowing when and if you’d ever see each other again. Oh, you make promises to call each other but It won’t happen. Steve will continue to grow and change. I will remain an ageless benchmark in his life. A presence that will not change. I am Mr. Jones. Steve turns and gives a quiet salute. Hand raised upward in a shape of a curling wave. Hand curved in a similar fashion I return the gesture.
The Third Wave. Well at last it can be talked about. Here I’ve met a student and we’ve talked for hours about this nightmare. The secret must finally be waning. It’s taken three years. I can tell you and anyone else about the Third Wave. It’s now just a dream, something to remember, no it’s something we tried to forget. That’s how it all started. By strange coincidence I think it was Steve who started the Third Ways with a question.
Sin tu voz me pierdo en la arena.
Sin tu voz me visto de pena.
Sin tu voz caliento cual piedra.
Sin tu voz me visto de pena.
Tú.
Tú.
Tú.
Tú.
Siempre he de creer en ti.
Sin tu voz soy solo cadenas.
Sin tu voz me visto de pena.
Sin tu voz detesto esta escena.
Sin tu voz me visto de pena.
Tú.
Tú.
Tú.
Tú.
Siempre he de creer en ti.
Siempre he de creer en ti.
Tu.
Tú.
Tú.
Tú.
Siempre he de creer en ti
Siempre he de creer en ti.
(Lucybell, Peces, 1995)
El siguiente texto fue publicado por “Colomba Blue” en Sitio Cero el 31 de Diciembre de 2011. Lo copio en vez de linkearlo por que internet tiende a desaparecer, y algunos escritos no deberían perderse. Toda la historia es personal. Link original.
Acusan a otros de odiar… y participaron de crueldades atroces. Tildan de revanchistas… y saquearon la casa de Tomás Moro, delataron a vecinos y a compañeros de trabajo. Piden clemencia… y no escucharon los gritos del torturado. Dicen que la reconciliación es necesaria… y hubo miles de familias separadas por el exilio. Mencionan a su Dios… y seguramente delataron también a su hijo, aplaudiendo cuando le torturaban. (Anónimo)
En Chile es recurrente que la gente de derecha nos trate a los de izquierda de “resentidos”. En el 99,9% de los casos la acusación suele ser rebatida con un argumento inteligente y termina en eso.
Yo soy del 0,01% que sí somos resentidos. Y no tengo ningún reparo en confesarlo.
Yo viví el golpe de estado. Tenía 7 años y mi hermana, 8. Mi mamá, Secretaria Regional del Mapu, trabajaba en Corhabit. Vivíamos junto a su compañero, Oscar, en una casita de la Villa Hermosa de Quillota, unas casas nuevas que recién habían entregado. No teníamos muchos muebles, pero lo pasábamos bien. Era una época muy politizada. La casa siempre estaba llena de gente, se hacían reuniones, se organizaban tertulias, debates, se tomaban decisiones; nosotros los chicos ayudábamos a pintar lienzos, a preparar pinturas para salir a hacer los rayados nocturnos e íbamos a las marchas. Recuerdo haber visto a Garretón, y gritar en una multitudinaria marcha de Santiago: “Garretón, Garretón, no lo para ni un huevón!” Esa marcha en particular terminó en el Teatro Municipal (para horror de los burgueses… imaginen, el Teatro lleno de rotos!) Nosotros habíamos llevado huevos duros, sandwichs, es decir cocaví en general, que comimos fascinadas, sentadas en esas butacas de terciopelo y en ese ambiente señorial en el que ni en mis más febriles fantasías infantiles imaginé estar algún día.
El día del golpe estábamos en casa con mi hermana; mi mamá y Oscar se habían ido a trabajar. Estábamos jugando en la calle y una vecina nos dijo que nos entráramos. Éramos chicas, pero de alguna manera supimos que algo terrible había pasado. Nos entramos y nos pusimos a esperar… mi mamá no llegó. En ese momento no lo sabíamos, pero se la habían llevado detenida a la Escuela de Caballería, junto a otros compañeros del Mapu. Estuvimos 3 días encerradas en casa, solas, aterradas, muertas de hambre y de sueño porque nos daba miedo dormir. A la tercera noche paró un camión militar en la casa y golpeó la puerta. Abrimos y vimos a un milico con la cara pintada. Nos miró hacia abajo y nos dijo: “Ahí afuera les dejamos a la perra, agradezcan que no la matamos”. Se dio la vuelta, se subió al camión y se fueron.
Mi mamá estaba tirada en el suelo, como un paquete, inmóvil. Mi hermana y yo salimos y la entramos, a la rastra. Ningún vecino se asomó a ayudar (tampoco los culpo). Pasamos esa noche en el suelo del living, mi mamá inconsciente y mi hermana y yo abrazadas a ella, pensando que se iba a morir. Estaba machucada de pies a cabeza, los ojos morados, la boca rota, el estómago con marcas de patadas, brazos quemados con cigarro y la clavícula fracturada.
Al otro día llegó una de las compañeras del partido y comenzó una suerte de organización para cuidar a mi mamá y a nosotros hasta ver que se podía hacer. Caminábamos agachadas por la casa y no se prendía la luz. De noche escuchábamos pasar las patrullas militares por la casa y disparaban al aire.
Apenas mi mamá pudo moverse un poco, nos fuimos a Viña, a una casa de seguridad. Llegamos y la casa había sido allanada. Nos tuvimos que ir. Caminamos de vuelta a Quillota, nos fuimos por el medio de las parcelas y los baldíos para que no nos vieran.
En Quillota había llegado a la Escuela de Caballería un mayor que había sido pololo de mi mamá cuando jóvenes. Él, arriesgando su puesto y hasta su vida, le firmó el salvoconducto a mi madre para que saliéramos del país.
Pocos días después nos fuimos a Argentina y comenzó una vida de miseria y pobreza para nosotros. No todos los exiliados tuvimos un exilio de oro en Francia o Alemania… La mayoría de nosotros terminó viviendo en conventillos, trabajando en el campo o en trabajos domésticos y esporádicos. Desarraigados, derrotados, humillados, hacinados.
Mi madre nunca más fue la misma. Hay una cierta degradación para el que tortura y también para el torturado. También una culpa de haber sobrevivido mientras tantos murieron. Mi mamá no pudo manejar todo su sufrimiento y comenzó a beber. Murió hace un tiempo ya, de un cáncer que la consumió completamente y sin nunca haber vencido sus demonios.
Para mi hermana y para mí, la vida se transformó en una pesadilla. Teníamos que hacernos cargo de la casa si queríamos que estuviera limpia, teníamos que cocinar si queríamos comer y muchas veces subsistimos gracias a la caridad de vecinos.
Entonces, cuando se habla de torturados, de asesinados, de detenidos desaparecidos… para mí –aunque participo activamente de las redes sociales- no son consignas para gritar en 140 caracteres cuando Piñera hace algo mal. Para mí, torturada es mi madre. Asesinado es el Levy, un gigante amable, pololo de la tía Eca, que se bajaba de su camión y me tomaba con sus manazas y me hacía girar. Lo tomaron detenido junto a mi madre. Se lo devolvieron en un ataúd sellado a su madre, con la prohibición de abrirlo (lo habían matado a golpes). Le permitieron velarlo a ella sola, con más de 50 militares cuidando el velorio y al otro día se lo llevaron y lo lanzaron a una fosa común. Para mí, fusilado es el papá de la Luisa. Desaparecidos son los hijos, marido y nuera de la Ana… personas que conocí, que fueron parte de mi infancia: no leyendas ni consignas, ni fotos en blanco y negro.
Para mí, la dictadura no es un hecho histórico y lejano que cambió el rumbo del país. Para mí es la atrocidad que me cambió la vida, que me robó la niñez, que mató en vida a mi madre.
Y sí, soy resentida. Tengo rencor contra quienes nos hicieron eso; tengo odio contra el cobarde o los cobardes que se ensañaron golpeando a una mujer que medía 1.50 mt. y que era mi madre.
YO NO PERDONO
YO NO OLVIDO
Y nunca lo haré.
Nota: Mucho se habla de reconciliación y ni siquiera al día de hoy puedo publicar esta columna con mi verdadero nombre, porque me traería problemas en el trabajo.
Lo que necesito es algo que me permita escribir cómodamente en cualquier lugar. El teléfono es un avance, pero ciertamente no es suficiente. Soy demasiado lento con él. O tal vez sea cosa de acostumbrarme. Supongo que tendré que probar usándolo más. Aunque sea escribiendo cosas como ésta, que de todas formas es mejor que nada.
No se como se llama este conchasumadre que habla a esta hora en la radio, pero es una joya pequeñoburguesa y a los colectivomen parece encantarles. Eso o tengo mala suerte con la radio.
Suena The Shins, Oh Inverted World.

Via Reddit.
Zeitgeist, el Proyecto Venus, TED, Humanitad, Exemplar Zero y tantos otros. Miles y millones de personas intentando hacer del mundo un lugar mejor, usar soluciones humanas para resolver los problemas de los humanos, frenar la destrucción de la tierra y la matanza de los hombres, detener el sufrimiento, cambiar el modelo, solucionar, arreglar, reparar, transformar. Miles y millones de personas que no han logrado nada, y nunca van a lograr nada.
En esencia, lo que necesitamos saber es lo siguiente: Si quisiéramos, y trabajaramos en conjunto para lograrlo, todos y cada uno de nosotros, en todos los lugares del mundo, podríamos ser felices. Ilimitada e irrestrictamente felices, para siempre. No hablo de ciencia ficción, ni siquiera se trata de nada nuevo: Las soluciones están pensadas y discutidas, las tecnologías existen hace años, los recursos están disponibles, el único tope somos nosotros mismos. Nosotros, los humanos, con nuestras estructuras y tradiciones, prejuicios, miedo, odio, violencia, política, abuso, egoísmo. Nosotros, que mostramos discriminación y clasismo a todos los niveles pero nos indignamos si nos llega a pasar directamente. Nosotros, que encontramos normal el sufrimiento, que aceptamos cosas que no tendríamos por qué aceptar, que estamos encerrados en nuestra creación misma, que no tenemos salida, que no podemos hacer nada, que no queremos hacer nada.
Ése es el verdadero espíritu de la época: El miedo a la muerte, al sufrimiento, a la pobreza, a la segregación, a la soledad. El miedo a un sistema que se encarga de enfrentarnos unos contra otros y la rabia que sentimos, esa rabia que apuntamos hacia todo, hacia la primera persona con la que podamos desquitarnos. Somos criados en y para la violencia, el odio, y el resentimiento.
No nos ha servido de nada la conciencia del mundo, no hemos querido verlo como un conjunto de sistemas interrelacionados, lo único que hacemos es destruirlo, y eso es exáctamente lo que vamos a seguir haciendo: Destruyendo todo. Siempre habrá alguna buena razón, siempre una dificultad, siempre una traba, una transición, un “así es la vida”, un “es lo que hay” para justificar lo injustificable: El sufrimiento y la devastación.
La única forma de mantener el sistema imperante en el mundo es manteniendo el sufrimiento. La única forma de acabar con el sufrimiento es acabando con las estructuras que nos mantienen encerrados en este sistema: Dinero, tradiciones, religión, poder, política. La únca forma de acabar con el sufrimiento en el mundo es cambiando la forma en que vemos el mundo. Vivimos en una sociedad global basada en el sufrimiento. El sufrimiento de muchos para mantener a como dé lugar la felicidad de unos pocos. En este mundo que hemos creado hasta la felicidad depende del sufrimiento. Y no vamos a hacer nada al respecto. Nunca. Vamos a morir sufriendo. Mejor sufrir toda la vida el calvario conocido que arriesgarse a cualquier otra posibilidad.
No se si la culpa es mía, del sitio o de la gente, pero la cosa es que cada vez encuentro menos cosas que me interesen en Twitter, o cada vez hay más ruido y lo que me interesaba cada vez se nota menos. Ahora lo único que logro es distraerme de mala forma, por que las buenas distracciones también están en otros lugares. El problema es que sigo entrando, por lo menos algunas veces al día, solo por entrar, por ver, por que si, por que estoy acostumbrado. Estoy tan acostumbrado que trato de escribir otra cosa y lo único que tengo son twitts.
Necesito romper la barrera mental de pensar en pocos caracteres, de consumir la información en pocos caracteres. ¿Qué va a pasar cuando hasta las conversaciones sean cortitas y sintéticas, por que no podemos concentrarnos más de 2 minutos? Idiocracy.
El diseño y la programación me han enseñado que para conseguir un buen resultado se necesita tiempo -todo el disponible- y concentración. Si no podemos leer un texto de 1000 caracteres de corrido, probablemente nunca lleguemos a crear nada que valga la pena. ¿Será realmente que al acelerar tanto nuestra forma de vida en nombre de la eficiencia nos estamos cerrando a todo lo duradero, a todo lo que requiera un esfuerzo? ¿Se acabará la creación que no sea automática?
Es que Twitter, claro, es un reflejo. Un reflejo de nosotros, montones de personas que pasan día tras día encerrados cumpliendo funciones que nos son asignadas, así simplemente. No podemos desconectarnos suficiente tiempo como para hacer algo significativo, no existe el ocio, no hay tiempo para pensar más que en lo cotidiano, lo inmediato, no podemos permitirnos distracciones de más de 140 caracteres por que, verás, hay plazos importantísimos que cumplir.
¿Se habrán sentido así todas las épocas, tan cerca del límite de lo soportable? Parece que realmente no hemos aprendido nada.
Últimamente me pasa que pienso en tuitear algo, entro al sitio, leo un par de cosas y se me quitan todas las ganas de compartir algo con ellos. Se me llega a olvidar eso tan inmensamente divertido y maravilloso que les quería contar.
No se quienes son y no quiero que sepan quien soy, no quiero reírme con ellos, no quiero leerlos. Creo que no sirvo para las redes sociales.
Ha cer me car go.
No puedo
evitar
ser puro
discurso.
http://www.omnomicon.com/hot-sauce
http://cocinacongiovanna.com/2010/02/pechugas-con-salsa-de-ajies-secos/
http://www.bbcgoodfood.com/search.do?keywords=chutney
http://www.recetasycocina.info/
Remember when i left you,
I couldn’t say your name,
Or other crucial things like i love you,
Oh, that’s a shame,
Oh no, i think i’m falling,
Oh no, i think i’m fine,
Our hearts didn’t come together,
But I saw the two collide.
I can the see the hearts sinking.
Remember when i left you,
I couldn’t say your name,
Or other crucial things like i love you,
Oh, that’s a shame,
I don’t know if you’re hearing,
My voice or the reprise,
Our hearts didn’t come together,
But I saw the two collide,
I can see the hearts sinking.
The Organ.